El síndrome de malabsorción en el niño puede deberse a causas muy diversas, desde la enfermedad celíaca, la presencia de diarreas frecuentes, una enfermedad inflamatoria intestinal (EII), un síndrome de intestino corto hasta una afectación intestinal derivada de un tratamiento farmacológico u otros.

Síndrome de intestino corto

Cuando se requiere realizar una resección intestinal (síndrome del intestino corto) o como consecuencia de algunos tratamientos se puede provocar una incapacidad a la hora de asimilar los nutrientes por reducción de la superficie de intercambio y de absorción disponible o por alteraciones de la mucosa que la recubre.

La intervención nutricional se dirige a contrarrestar los efectos de la malabsorción y suele enfocarse en la administración de soluciones nutritivas fáciles de digerir y absorber, como son las fórmulas parcialmente hidrolizadas (que contienen proteínas hidrolizadas en forma de péptidos) y los triglicéridos de cadena media (MCT NM) grasas de más fácil absorción.

Insuficiencia pancreática

La insuficiencia pancreática exocrina lleva a la disminución de la absorción de grasas en el intestino delgado por alteración en la producción de las enzimas pancreáticas. Puede requerir además un tipo especial de aceite MCT NM (triglicéridos de cadena media). Este aceite se absorbe sin necesidad de la actuación de las enzimas pancreáticas. Su sabor es diferente. No es apto para cocinar, pero sí puede añadirlo a platos preparados o formando parte de salsas, como aliño para ensaladas o sobre pan tostado. En exceso puede producir náuseas, y dolor abdominal por lo que debe usarlo en pequeñas cantidades y aumentarlo progresivamente. Para un adulto no son necesarios más de 40 ml al día, lo que corresponde a 4 cucharadas soperas repartido en 3 ó 4 tomas.

Colestasis

La bilis está compuesta de ácidos biliares, bilirrubina y lípidos que luego son secretados por los canalículos biliares; de los canalículos, la bilis fluye hacia los conductos biliares donde por último es secretada hacia el intestino. La interrupción de este proceso en cualquier nivel resulta en colestasis, esta puede definirse como una disminución en la formación o flujo de bilis, con la consecuente acumulación de sustancias biliares en el hígado. El número de diferentes enfermedades que se presentan con colestasis puede ser mayor el prenatal que en cualquier otra época de la vida. La incidencia global de patología neonatal manifestada clínica o bioquímicamente con colestasis es de 1 en 2,500 recién nacidos vivos.

La atresia de vías biliares es la causa más común de colestasis durante las primeras semanas de vida, representa aproximadamente una tercera parte de todos los pacientes con colestasis neonatal. Otras causas son la deficiencia de alfa 1 antitripsina, el síndrome de alagille y las derivadas del uso de la nutrición parenteral.

Dentro del manejo médico del paciente con colestasis, el objetivo debe encaminarse a promover un adecuado crecimiento y desarrollo. La desnutrición y después la detención del crecimiento son las principales complicaciones, representa 60 % de los pacientes con colestasis. El Requerimiento calórico debe ser aproximadamente de entre 125 y 50 % de la recomendación para la edad, siendo preferida la vía oral. Los triglicéridos de cadena media (MCT NM) no requieren solubilización por las sales biliares para su absorción a nivel intestinal, por lo que deben representar de 40 a 70 % del aporte de lípidos para proveer un adecuado aporte calórico. La ingesta de proteína recomendada debe ser de 2 a 3 gr/kg por día y usualmente es bien tolerada sin hiperamonemia a menos que se presente con insuficiencia hepática avanzada. Los pacientes con colestasis se encuentran en riesgo también de desarrollar deficiencia de vitaminas liposolubles, por ello, es ideal que estas se midan y posteriormente de acuerdo con valores, se suplementen.